¿Estás dándole vueltas a cómo mantenerte este verano, a pesar de las vacaciones y las comidas fuera de casa? Déjame decirte que la solución es muy sencilla, se adapta al ritmo incluso aunque estés viajando y es gratis… Estoy hablando, por supuesto, del ayuno. 

El calor no debería ser un impedimento para practicar el ayuno en verano. Es más, es una herramienta que puede ayudarnos mucho a contrarrestar los excesos vacacionales, como te contaba la semana pasada en este post con ideas para mantener nuestra alimentación saludable en verano.  

Porque en vacaciones todo se relaja: nosotros, los horarios y las costumbres, y rara vez cenamos tan temprano como lo hacemos durante el resto del año. Y el ayuno nos ayuda a poner en reposo nuestro sistema digestivo, dando a nuestro organismo el necesario descanso.

El ayuno forma parte de nuestra esencia, se ha practicado desde siempre. Antes no había tanta abundancia de alimentos, ni los métodos de conservación que tenemos ahora así que, hasta hace poco, lo normal era ayunar. Se hacía una o dos comidas al día y el resto del tiempo, se ayunaba. Ahora hemos pasado a comer cuatro o cinco veces al día, por lo que nos pasamos el día digiriendo, con la consecuente inflamación que esto supone para nuestro sistema digestivo…

Mucha gente piensa que no va a aguantar si no come cada tres horas, cuando es al contrario. La digestión nos deja pesados, porque el organismo necesita concentrarse en asimilar los alimentos. Si comemos dos o tres veces al día nos notaremos más lúcidos, con más energía y claridad mental. Además estaremos enseñando a nuestro cuerpo a funcionar no solo con glucosa, si no con las reservas de grasa de nuestro cuerpo. Y esto nos ayudará a regular nuestro peso de manera sencilla. 

No te enfrentes al ayuno en verano como una imposición, más bien escucha a tu cuerpo y pregúntate, al levantarte, si realmente tienes hambre o vas a desayunar por costumbre, poniendo el piloto automático. Toma un par de vasos de agua, da un paseo o haz algo de ejercicio y espera un poco. Te ayudará  a identificar cuándo aparece la verdadera sensación de hambre.

O quizá, después de una comida más abundante, una paella en la playa o una barbacoa, el cuerpo no te pida cenar. Quizá te apetezca ayunar y no sobrecargar más tu sistema digestivo, o tomar un jugo verde, como el de la receta de esta semana.

Ayunar mejora nuestro rendimiento cognitivo, nuestro sistema inmune y nuestra microbiota. Tanto es así que hay muchas bacterias en nuestro intestino que solo proliferan cuando ayunamos (y casualmente, son las buenas, ¿qué te parece?) 

Todos estos beneficios se consiguen, además, con ayunos muy flexibles, no os hablo de ayunar durante una semana. Si ya practicas el ayuno durante 12 horas (12 horas sin comer, y otras 12 en las que repartes el alimento), no te costará mucho pasar a un ayuno 16/8, con 16 horas sin comer y 8 en las que puedes hacer un par de comidas, ¿a que es sencillo? Para movilizar la grasa corporal necesitamos hacer ayunos de al menos 12 o 15 horas, y sus beneficios se intensifican según vamos aumentando el número de horas sin ingesta. 

Y una cosa más: la actividad física en esa franja de ayuno potencia todos sus beneficios, por lo que es buena idea programar tus entrenamientos para la primera hora de la mañana. Si temes marearte por hacer ejercicio en ayunas te invito a que lo incorpores poco a poco: tu cuerpo va a utilizar las reservas de grasa como combustible y verás que, poco a poco, entrenarás igual o mejor que antes. 

Un paseo por la playa, caminar a primera hora o montar en bicicleta son algunas actividades suaves que puedes empezar a hacer en verano al aire libre, para cargarte de vitamina D y disfrutar mientras practicas el ayuno. ¿Te animas a practicar el ayuno este verano?