Buenas noches, hoy quería mandarte una nota breve (no sé si sabré), para darte las gracias. Gracias por haberme acompañado este año, por haberme dejado ayudarte y acompañarte en tu camino de bienestar gracias a las sesiones y los grupos, por recibir mis emails con ilusión, por leerme y comentarme. En este año en el que no todo ha salido como nos hubiera gustado, has sido una gran ayuda para mí.

Para mí la gratitud es uno de esos valores eje, una virtud que me gusta cultivar. Expresar la gratitud, ser conscientes de lo agradecidos que debemos estar por cada pequeña cosa que nos sucede, por las personas que tenemos a nuestro lado, es algo mágico: cuando conectamos con la gratitud somos más conscientes, estamos más presentes. De alguna manera sentimos más aquello por lo que estamos agradecidos, lo potenciamos: esa sensación, ese sentimiento se intensifica al traerlo a la mente para agradecerlo.

 “La gratitud no es la más grande de las virtudes si no la madre de todas las demás”, Cicerón

 Además, yo solo entiendo la gratitud relacionada con el valor de la abundancia. A veces, cuando hacemos repaso del día el primer pensamiento que nos viene es negativo: a lo que no he llegado, lo que no me ha dado tiempo, de lo que no he tenido suficiente. Conectar con la gratitud nos lleva a conectar con lo que sí tengo, con lo que sí he hecho, con lo que me ha llegado a mí ese día por algún motivo.

“Conecta con la gratitud desde lo que ya tienes, y también desde lo que no acaba de encajar. Agradece incluso lo que a priori te pueda doler, te pueda costar. Colocarte en apertura, en aprendizaje, puede llevarte incluso a entender y a agradecer eso que te ha pasado y, a priori, no viste como algo positivo.”

 A la hora de sentarnos a la comida, la gratitud forma parte de RAMO: la herramienta de alimentación consciente que he desarrollado para mí misma y que siempre trato de compartir: Respiración, Agradecimiento, Masticación, Observación. Da las gracias por tener qué comer, agradece a la naturaleza, a los alimentos, a la persona que lo ha cocinado, o a ti si lo has preparado tú.

Algunas investigaciones neurocientíficas han demostrado que practicar la gratitud nos lleva a un estado mental más positivo, más feliz. Simplemente por agradecer: qué ejercicio más sencillo para mejorar nuestro estado de ánimo, ¿no te parece?

Para terminar quería proponerte dos ejercicios prácticos para que empieces a practicar desde hoy mismo. El primero, seguro que lo has escuchado, es llevar a cabo un Diario de la gratitud: se trata de escribir cada día, por la noche, tres cosas por las que te sientes agradecido en ese día. Te ayudará a conectar con los pensamientos más positivos para cerrar el día.

El segundo, es un poquito más elaborado, pero ideal para estos días más lentos, en los que tenemos más tiempo. Se trata de escribir una carta de agradecimiento a una persona, a alguien que ha influido de manera positiva en ti, por cualquier cuestión que consideres. Puede ser algún amigo, alguien de tu equipo o tu familia, o alguien al que admires. Al final, tú eliges si la envías o no.

También te animo a tener la palabra gracias más presente cada día: con nuestros hijos, con nuestra pareja, y con nosotras mismas: agradece haber ido a yoga, date las gracias por haberte dedicado ese ratito o por haber cocinado algo saludable.

 

Gracias, muchas gracias por leerme.

Verónica Mas

 

Gracias, muchas gracias por leerme.

Verónica Mas